jueves, 15 de diciembre de 2016

Zapatos de tacón y gabardina roja (Mi encuentro con Samperio)

Por Consuelo Sáenz




El Encuentro de Escritores de Ciudad Juárez en su segunda edición del 30 de agosto al 2 de septiembre de 2012 se vistió de gala con la  participación del escritor Guillermo Samperio (,) considerado uno de los más grandes exponentes vivos de la narrativa mexicana. Samperio auxilió durante las actividades  diseñadas por el comité organizador  destacando, no sólo por su indiscutible aportación al ámbito literario, sino por su sentido de solidaridad y entusiasmo. Compartir unos minutos con él,  es la revelación de estar  frente a un escritor consagrado.  Fuimos presentados por un amigo en común al término de la presentación del libro “Sueño de escarabajo” un día antes de la clausura. Le comenté cuánto me había gustado el libro y le solicité una entrevista. Él accedió,  a condición  que fuera al día siguiente,  unas horas antes de partir a la Ciudad de México, el domingo 2 de septiembre.
Silencioso y amable, departe  manteniendo su distancia. Samperio, también conocido por sus controversiales opiniones y publicaciones acerca de   personalidades de cualquier  medio u oficio, dice las cosas como las piensa y siente; con gran elocuencia y lucidez.  Posee la  trayectoria y  honestidad  necesaria para sentar las bases sobre cualquier tema,  atributos que lo hacen aún más admirable.  

Maestro, fueron cuatro días intensos ¿qué le pareció la dinámica del Encuentro?  ¿Qué le hizo falta? ¿Cómo puede mejorar año con año?

El Encuentro cobró una forma en extremo dinámica, debido a sus múltiples actividades, que iban desde leer poesía en los autobuses de pasajeros citadinos hasta el formato tradicional de mesas redondas o lecturas a jóvenes y niños, tomando en cuenta la magna comunicación a diversos países del mundo con el fin de darle presencia a la cultura juarense y a la presencia de diversos escritores nacionales e internacionales. Vale reconocer que el Encuentro abarcó, además de la promoción de la lectura en autobuses urbanos, también directamente a los niños con los cuales me sentí muy contento en participar, así como en el taller literario que impartí, además de otras actividades de mi satisfacción.
Creo que sería bueno que el Encuentro contara con mayor número de monitores o promotores culturales con el fin de atender debidamente a todos los participantes y no cargarles la mano a un puñado de activistas, ya que esto puede generar problemáticas que pueden llegar hasta enfrentar a la policía, como fue el caso de Elman Trevizo y el mío propio, ambos habitantes del D.F. Sin embargo, por parte de los organizadores del magno encuentro recibí un excelente trato y una atención especial, como  Antonio Flores lo cual les agradezco desde esta tierra donde ya somos más de 20 millones.

En la tarde de una esquina lluviosa, sobre las húmedas láminas de metal del pavimento, el tragafuego escupe una bola de lumbre que seca de pronto una esfera del crepúsculo.


Sabemos de Guillermo Samperio que su padre es el músico William Samperio, miembro del Trío Tamaulipeco de los Hermanos Samperio. Que usted nació en la Ciudad de México un 22 de octubre de 1948 (límite entre el signo libra y escorpión: la justicia y los extremos). Que es afecto a los tatuajes, va por la vida con un aire subversivo y sin prejuicios. Que sus influencias literarias han sido Homero, Shakespeare, Faulkner, Borges, Roberto Arlt, Rulfo, Cortázar, Arreola, además de multiplicidad  de poetas del mundo. Leemos sus ensayos y agradecimiento a “La gitanita” (mujer a la que alguna vez, discreto, observó bañarse en algún paisaje de su infancia), a “La mujer mamazota”  (la secretaria en la cual está inspirado el cuento “Oh, aquella mujer”). La mujer extraña que lo “erotizó” con su pie, al que le colgaba el zapato de tacón mostrando un bello talón, aprovechando con su mirada el tiempo que duró su viaje en el metro.  La figura femenina ronda su espacio y su literatura ¿Cómo reconoce usted, cuando una mujer  es digna de aparecer entre sus personajes? ¿Qué cualidades la revisten?

Para mí son encuentros casuales con el sexo opuesto, en los que veo posibilidades poéticas o narrativas, ya que me tocó ser hombre y no pocos escritores les dedicamos a ellas desde poemas hasta novelas… recuerdo en este momento la novela Rayuela, del maestro Julio Cortázar, que está ofrendada a la personaje La Maga quien, en la vida real llevó el nombre de Ugné Karvelis, de origen lituano, y así podríamos recordar a mujeres que han inspirado grandes obras (extraño sería que los hombres sólo escribieran de hombres; ello queda al tercer sexo). Vale recordar al gran Garcilaso de la Vega, fino y muy atinado cultivador del soneto, quien influiría con potencia en el Siglo de Oro de España, poeta que tuvo relaciones directas con  diversas damas como es el caso de Guiomar, Beatriz, Isabel, Elena de Zúñiga, doña Leonor de Austria, Elvira y Catalina Sanseverino, entre otras. No cito más amoríos de otros escritores, como los de Adolfo Bioy Casares, porque completaríamos una enciclopedia del amor lateral.
No tengo preferencias especiales respecto de las mujeres para que viajen en mi narrativa como tampoco con los varones; tengo personajes hombres (el hombre del penumbra, el de la llaves, el que se suicida en un hotel, etc., etc.) que me conmueven con sus historias. Lo principal es que unas y otros transiten a mi narrativa con soltura. Debo decir que sólo un 30 por ciento de las damas que aparecen en mi literatura han sido reales; sin embargo, ya instaladas en el proceso de creación cobran nueva vida, transformaciones necesarias y no pocas veces se distancian de sus originales. El otro 70 por ciento son por completo imaginarias. Debo decir que soy un observador minucioso de la vida cotidiana de mi entorno en cualquier parte del mundo donde me encuentre, esto me hace ir realizando una especie de “archivo” memorioso que, en el momento de escribir, va surgiendo hacia el texto. Hay que tomar en cuenta que mucho de lo que uno escribe es imaginario.


El rostro del mimo incendiario sonríe a los ojos indiferentes de los automóviles, vuelve la mirada hacia la menuda lluvia, abre una bocaza que desea comerse los cielos de Dios, levanta un brazo olímpico y se introduce una pelota de tenis encendida sujeta a un alargado fierro, el cual de inmediato sale de la garganta llevando en la punta una pelota de caucho humeante.




¿Dónde transcurren sus años de infancia?

En el norte de la Ciudad de México. Nací en el pueblo de San Álvaro, junto al de Tacuba. Junto a San Álvaro, en un gran terreno, se construyó la colonia Clavería donde, en la práctica, viví mi infancia y mi adolescencia entre familias clase media. Era el tiempo en que las colonias y fragmentos de las colonias eran en extremo territoriales para sus habitantes y resultaba difícil que muchachos o adultos ajenos al territorio pudieran hacer de las suyas en las otras divisiones, aunque llevaran buenas intenciones.
Recuerdo una anécdota: algunos de mis amigos niños fueron beneficiados con rifles de municiones, pero en mi caso, ante la ausencia de él, me hice de una resortera, volviéndome hábil cazador de aves, ardillas y otros animales pequeños… Sin embargo,  en una ocasión que entraba al patio de mi casa, escuché el gorgoreo de una cócona (ave pequeña y rechoncha) y vi que estaba como a dos metros. Saqué mi resortera de mi bolsillo trasero, tomé una piedra del delantero, preparé el disparo, estirando las ligas de la resortera a todo lo que daban y disparé… cuando escuché el golpe de la piedra en el cuerpo del ave fue para mí impresionante, pero lo fue más cuando la vi trastabillar y luego derrumbarse sobre un macetón que estaba frente a mí… La impresión potente que me golpeó fue en extremo poderosa y, sin pensarlo mucho, en ese instante dejé de cazar cualquier tipo de animal. Tal vez ese hecho infanto-juvenil generó a uno de los primeros ecologistas de México.
 

En la misma posición inclinada, las piernas abiertas, acróbata escultura callejera, sin cerrar la gran boca y viendo aún los dominios lluviosos de Dios, el hombre de rostro blanco y mejillas escarlata lanza una antorcha que asciende por el aire húmedo, gira en fogonazos de cerillo enorme, fugaz hélice amarilla, rehilete de flamas;


Afirma haber sabido desde siempre, que se dedicaría a ser un artista  por la cercanía que tuvo con el arte desde el ámbito familiar  ¿Cómo define su época de estudiante?

Cursé primaria (repitiendo el quinto año), luego hice la secundaria nocturna; lo nocturno tenía que ver con que la familia estaba escasa de fuentes económicas (éramos siete hermanos y yo el mayor); luego estudié una carrera brevísima de dibujo y diseño industrial. Esto me permitió incorporarme a laborar en el Instituto Mexicano del Petróleo (el que echaría a andar la mayoría de las refinerías que hoy operan); mi padre murió medio año después, cuando tenía yo 18 años y medio, haciéndome cargo de la familia con el apoyo del hermano menor de mi papá, Pablo, quien, desde ese momento, se convertiría en mi nuevo padre hasta hoy en día a mis 63 años. Luego me metí a estudiar vitrales, pero ya empezaba yo a escribir poemas y cuentos. Me incorporé a los talleres literarios coordinados por el maestro Juan José Arreola; allí escribí mi primer libro bajo la coordinación del escritor Andrés González Pagés  Cuando el tacto toma la palabra.  Fue editado por   el IPN  quien, se tardó más de tres años en publicarlo debido a grillas de un diputaducho en contra de la gente que trabajaba en torno del maestro Arreola.  El retraso de la publicación de tal libro me permitió presentar ese material (exigencias para elegir a los becarios de INBA-Fonapas, El Perro) y obtener la beca. No hay mal que por bien no venga.  En el año 1977 gané el Premio Casa de las Américas con el libro Miedo ambiente; esto me colocó entre escritores de la talla de Ibargüengoitia y sus pares, y fui llamado por la SEP para encargarme de la edición de varias colecciones de libros; tenía la experiencia para ello ya que había fundado, junto con un amigo, Ediciones El Tucán de Virginia (Virginia es un homenaje a la Woolf).

simula detenerse un instante pequeñísimo en la cresta del ocaso pero desciende en vueltas llameantes saltimbanqui anaranjado, rueda de triciclo abrasadora, y la antorcha se introduce exacta, justa, definitiva, mortal, en la boca de esa gabardina harapienta que se desploma, contrahecha, en la última actuación de hilarante trapo cósmico.


Ha mencionado que se sintió escritor después de la publicación de su tercer libro Miedo ambiente debido a una culpa que cargaba y que años después de terapia  psiquiátrica logró desentrañar. En México, se tiene reticencia hacia el uso de psicólogos o psiquiatras. Es un problema de incapacidad para creer en su utilidad. El filosofo e historiador francés Michel Foucault lo llamó poder–saber. La forma como se construye el discurso de validez de una supuesta enfermedad que, en palabras pobres, se convierte en un mecanismo de control con peligrosos alcances médicos, jurídicos y políticos. ¿Cree usted en la psiquiatría?”

Tal vez la frase de que me sentí escritor después de editado Miedo ambiente fue más un eufemismo que una verdad, ya que provengo de familia de artistas y me sabía uno de ellos, en este caso escritor, además de dibujante artístico… Por mi parte, Foucault puede decir lo que se le antoje, pero mi tratamiento psicoanalítico-psiquiátrico me ha hecho ser un escritor que tras de mí hay 40 obras por lo menos, experimento una vida equilibrada, no bebo alcohol ni consumo ninguna droga… si hay alguna droga que consumo con avidez se trata de la diversidad de las artes y de los ya muchos viajes que he hecho por el mundo. Por último, quiero suponer que autores como Foucault que, en rigor, se encuentran de manera lateral a las ciencias, y construyen sus discursos a través de su raciocinio y la construcción de sus propios conceptos suelen afirmar, en ocasiones (conste que no digo siempre) tonterías… y está hablando un paciente que lleva 32 años en tratamiento constante con una vida a plenitud equilibrada… Tal vez si no me hubiera sujetado a este largo tratamiento (que seguirá hasta mi muerte)… ya me hubiera suicidado y dado este último supuesto acontecimiento tendríamos que hacer responsable a Michel Foucault…

Mientras tanto, bajo la gorrita de un poste verdoso, una luz redonda pasa del rojo al verde; las hileras de los grandes armadillos de metal se ponen en marcha lanzando sus luces sobre las húmedas láminas del escenario.


Usted se prepara continuamente, escribe en su blog y cuenta de Facebook  y se mantiene a flote con sus talleres de creación. Trata de estar a la vanguardia en cuanto a mayores y novedosos recursos literarios. Lo mismo escribe novela, poesía, cuento, ensayo, biografía, reseñas musicales y cinematográficas. El pensamiento y opinión toman la palabra, sus recursos son numerosos. Hoy en día, se imparte en las universidades la asignatura de Teoría Literaria  y se nos impone definir ¿qué es literatura y para qué sirve? aseguro, es algo resuelto para usted.

Desde luego, es algo que tengo resuelto… La literatura es un relato de diversas dimensiones, que lleva la ficción a diversos niveles de la realidad, incluyendo lo imaginario y los sueños, que provoca placer, displacer, tal vez enseñanzas… un arte tan antiguo como la aparición del autonombrado homo sapiens.

 “Toda muerte es lamentable, más si se trata de un escritor en su momento de mayor creatividad. La desaparición física de un autor también permite analizar su obra desde una perspectiva menos apasionada y más objetiva. A final de cuentas, son los libros que permanecerán y los que pervivirán o serán olvidados al paso de los años”. Así inicia su texto, publicado por la revista nexos 01/10/ 2003, refiriéndose al escritor de Los Detectives Salvajes, Roberto Bolaño. Lo conoció en su juventud, cuando Bolaño vivió en México durante la década de los sesenta. Usted discrepa sobre la opinión de que “Los detectives Salvajes  dio un carpetazo histórico y genial a Rayuela de Cortázar” ¿Cuál es su opinión ahora, después de esa publicación con nueve años de distancia?

La misma. Y Rayuela sigue siendo una de las grandes novelas latinoamericanas al lado de más de una veintena entre las cuales se encontrará alguna mía. Lo tales detectives, a mediano plazo se convertirá en un texto sólo para jóvenes, como un divertimento, y no pasará de allí…


Al fondo de la ciudad cae lentamente un telón negro con enormes borlas rojizas que se introducen tras las siluetas de los edificios.Tragafuego, Guillermo Samperio,Cuando el tacto toma la palabra. Cuentos, 1974-1999



Usted vivió el apogeo de los movimientos sociales de la década de los sesenta. Si mis investigaciones no me engañan, sucumbió a ser parte activa de la política de izquierda en el país. En México ¿se puede hablar de la existencia de la izquierda? En el análisis político nacional se suele comparar a la izquierda mexicana con la izquierda de Brasil, por ejemplo. Y como suele suceder, los mexicanos “nunca damos el ancho”. ¿Qué opinión le merece la política actual en el país?

Yo confío en Marcos y sus vínculos con otras iniciativas semejantes”,  responde lacónico, su semblante delata su reacción incómoda sin disposición de ahondar en el tema. La encargada de llevar al escritor al hotel para recoger sus pertenencias  se coloca discreta cerca de la puerta, esperando el momento que daremos fin a la charla.

Maestro, ¿qué proyectos tiene en puerta?
Una novela que llevará el nombre de El viaje del no viaje; su ritmo y el fraseo narrativo de este texto se encuentra basado en las propuestas de la música minimalista como la del belga Win Mertens y combinando dos tipos de lenguas: el español antiguo y el moderno.
Respecto a nuevas publicaciones, el próximo año saldrán varios libros; uno en España,  titulado Maravillas malabares en Cátedra Ediciones (Madrid); Te acuerdas, Julia, Alfaguara; Historia de un vestido negro, Fondo de Cultura Económica; Al fondo se escucha el rumor del océano. Raymond Carver ad honore. Ediciones de Educación y Cultura (México).

La asistente se dirige hacia a nosotros y entrega al maestro un cigarrillo y una botella de agua mineral. Nos despedimos y le deseo  feliz regreso a la ciudad más grande  de la república,  donde ya son más de veinte millones y a la que ahora,  puedo decir,  tengo varias razones para visitar.


Foto, cortesía de Eugenio Abraham, Pretextos varios
Rescato esta entrevista que le realizara en el 2012, durante su visita y participación en el Segundo Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez. Lo recuerdo amable, coqueto (le encantaba la compañía femenina) y de un intelecto y genialidad exquisitos. Adiós, Maestro. Algún día volveremos a vernos. Descanse en paz.

La libreta de Irma, periodismo cultural y literario. 

martes, 13 de diciembre de 2016

Larga vida, Elena

Recordando a Elena Garro

Entrevista a Patricia Rosas Lopátegui 


Elena Garro (1953) Foto, cortesía de Patricia Rosas Lopátegui


"Yo no estoy para contar su existir ni ustedes para oírlo de mí. Solo puedo decir que he descubierto la poesía de Elena Garro en su plenitud gracias al tomo recopilado por Patricia Rosas Lopátegui a pesar de todas las tormentas vistas y sufridas por ella en la aventura en la que entró al enamorarse como nadie de la obra de Elena Garro. Ha sido una lucha tenaz, de heridas y combates, picaduras de avispas, hasta de parientes viles y ambiciosos. Este año estamos celebrando el centenario del nacimiento de Elena Garro. Sí la agarró a la Garro la hecatombe de la edad, pero su obra literaria crece sin la injuria del tiempo, algo así diría Sor Juana Inés de la Cruz, con la cual ha de convivir allá arriba al lado del Señor a quien no lo perturba nada, sabe y escribe Santa Teresa de Ávila. Entre escritoras te veas".

María Luisa "La China" Mendoza


Elena Garro sigue dividiendo opiniones. A unos pocos días de conmemorar el centenario,  salieron a la luz dos incidentes imposibles  de ignorar: la faja que acompañaba el libro Reencuentro de personajes (Editorial Drácena, 2016) y que tuvo que ser removida a causa de las protestas causadas por su publicidad grotesca y misógina. Durante la misma semana, se publicó la noticia de que Jesús Garro, sobrino y heredero de Elena Garro, demandó a la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y a Patricia Rosas Lopátegui, biógrafa oficial de Elena Garro y Helena Paz Garro. Dicha demanda lo único que ha conseguido es retirar del mercado editorial el libro Cristales de tiempo, poemas inéditos de Elena Garro  Resulta irónico que el libro de la controversia, publicado por una editorial extranjera, en el que no sólo la faja o cintillo es ofensivo, machista y misógino sino que el epílogo  irrespete la memoria de Garro, además de manifestar un desconocimiento total de su vida y obra, siga en circulación y no así Cristales de tiempo. 

Alrededor de la historia de Elena Garro y de Octavio Paz,  se han construido altos e infranqueables muros que los han convertido en rivales eternos, no sólo a ellos,  sino a los admiradores y lectores de su obra también los han dividido. Por un lado están los pacistas y  del otro los garristas. Se vislumbra un nuevo bando enemigo: los que están de parte de Jesús Garro y los que están de lado de Patricia Rosas Lopátegui. En este combate y lucha de intereses estamos los lectores. Somos los que perdemos. Al retirar un libro del mercado editorial que no ofende a la memoria del autor ni a los lectores, retrocedemos. 

Conmemorando el Centenario de Elena Garro descubriremos, de mano de su biógrafa oficial, su faceta poco conocida. Hablaremos de Cristales de tiempo, poemario inédito de Elena Garro. Los poemas,  además del trabajo de edición, estudio preliminar y notas realizado por Lopátegui,  son admirables. Es un reconocimiento a la obra poética desconocida de Garro, y que la ambición y codicia, una vez más,  amenaza con mantener a la sombra. 

Larga vida, Elena.      

Patricia, El jueves 8 de diciembre, se publicó la noticia de que Jesús Garro, sobrino y heredero de Elena Garro, demandó a la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) y a Patricia Rosas Lopátegui por robo y abuso de confianza “dice que no sólo no dio autorización para la publicación del volumen sino que además el libro contiene poemas que él ya había publicado en Elena garro en la intimidad, de 2009”. La demanda se interpuso el 20 de julio. En dicha noticia, el demandante asegura que Helena Paz le dio el poder como representante literaria, no como heredera ni tiene los derechos. A lo que JG pregunta ¿dónde está la autorización y con qué derecho está usted publicando? 



Firmé contratos como agente literaria y biógrafa de Elena Garro y de Helena Paz Garro en el invierno de 1997-1998. En este contexto, las dos escritoras me entregaron la colección de poemas que publiqué en Cristales de tiempo..., así como el material que apareció en Yo sólo soy memoria. Biografía visual de Elena Garro (Ediciones Castillo, 1999) y en Testimonios sobre Elena Garro. Biografía exclusiva y autorizada de Elena Garro (Ediciones Castillo, 2002).  En el 2006, Helena Paz Garro y yo firmamos otro contrato para continuar con esta relación, como lo indico en el estudio preliminar de Cristales de tiempo...; dicho contrato está vigente y es el que me autoriza a publicar los poemas de Elena Garro. Pueden consultarlo en la Notaría Número Dos de Cuernavaca, Morelos. Ninguna editorial publica un libro si no hay un contrato que avale la obra en cuestión, por lo tanto, la Universidad Autónoma de Nuevo León no cometió ningún acto ilegal, ni la que habla en estos momentos. 

Jesús Garro Velázquez transcribió los fragmentos de poemas de Elena Garro de mi libro Testimonios sobre Elena Garro. Biografía exclusiva y autorizada de Elena Garro (Ediciones Castillo, 2002) en su volumen Elena en la intimidad (2009). Los transcribió tal cual aparecen en Testimonios sobre Elena Garro, los poemas son fragmentos y no están todos ellos en esta biografía, por lo que en el libro de Jesús Garro Velázquez no están todos los poemas que edité y compilé en Cristales de tiempo. Poemas inéditos de Elena Garro (UANL, 2016). Esto lo pueden comprobar al cotejar ambas ediciones. Confabulario, suplemento cultural de El Universal, publicó el 11 de diciembre de 2016, dos poemas que transcribió textualmente de mi edición de los poemas de Elena Garro sin darle el crédito correspondiente a dichos poemas publicados en Cristales de tiempo... Jesús Garro Velázquez proclama tener derecho a este material, ¿por qué entonces no ha hecho su propio trabajo editorial de los poemas de Elena Garro y utiliza el mío? ¿Por qué El Universal cae en estas irregularidades?      

       

¿cómo se entera de la existencia de ese material inédito?

Desde que leí por primera vez Los recuerdos del porvenir en 1976, tuve la impresión de que Elena Garro era poeta y estaba segura de que había abordado ese género. Pero en aquella época no había indicios; la marginación que padecía Elena Garro era brutal, no se conseguía información y nadie quería hablar sobre ella. La noticia de que efectivamente también era versificadora nos la dio la misma Elena en aquella carta que le envió a Emmanuel Carballo y que éste publicó en sus Protagonistas de la literatura mexicana, en 1986. La misiva data del 29 de marzo de 1980, cuando vivía el ostracismo en Madrid:

En 1953, estando enferma en Berna y después de un estruendoso tratamiento de cortisona, escribí Los recuerdos del porvenir como un homenaje a Iguala, a mi infancia y aquellos personajes a los que admiré tanto y a los que tantas jugarretas hice. Guardé la novela en un baúl, junto con algunos poemas que le escribía a Adolfo Bioy Casares, el amor loco de mi vida y por el cual casi muero, aunque ahora reconozco que todo fue un mal sueño que duró muchos años.

Posteriormente, Elena Garro y Helena Paz Garro, en calidad de su agente litraria, me entregaron estas composiciones poéticas para que se publicaran.

Convive mucho tiempo y en distintas épocas con las dos Elenas. ¿Alguna vez le comentó algo, alguna confesión de inseguridad? ¿cómo se sentía Elena respecto a su capacidad poética?

La poesía fue siempre una de las compañeras más asiduas y leales de Elena Garro. Desde pequeña leyó a los grandes poetas griegos, latinos, alemanes, ingleses y españoles. De ahí que su producción revele esa familiaridad con la poesía y que no sólo su lenguaje esté impregnado de un excepcional lirismo, también el contenido y las estructuras de sus obras revelen que éstas se encuentran determinadas por el orden que rige a la imaginación, a la suprarealidad, que es decir a la poesía. En el estudio preliminar al poemario explico que cuando se dio a conocer como dramaturga en Poesía en Voz Alta en 1957 con sus piezas Andarse por las ramas, Los pilares de doña Blanca y Un hogar sólido, los críticos de la época coincidieron en su calidad poética.  Por ejemplo, Rafael Solana escribió en la revista Siempre!:

Un hogar sólido es una obra de la más alta calidad poética y literaria, algo de lo más bello, de lo más elevado, de lo más importante que autor dramático alguno haya escrito en México en este siglo. (...); felicísimo acierto, cumbre literaria, una de las más altas que el teatro poético moderno haya alcanzado (y esta vez no estamos hablando solamente del de México, sino también del que conocemos de otros países). (...) Un hogar sólido es una maravilla de belleza, de poesía, de gracia, de inteligencia, de talento.

        Margarita Michelena comentó en Hoy:

Por [estas tres obras] circula la poesía en libertad (...). Hay que ser todas las cosas, ellas mismas, por el corazón y por la orilla. Hay que ser la poesía, la inocencia total y sagrada del mundo. Con estas páginas de las que fluye la frescura metafórica más rica y más viva, Elena Garro prueba (...) que la inocencia, que la facultad de maravillarse son el mágico manantial de donde brota, temblando en su gracia original, infalsificable, la poesía. Y que la poesía es, a su vez, la única forma posible de recobrar la verdadera sabiduría, esto es, la inocencia.

        Entonces para Elena Garro la poesía no le era ajena; vivía y se nutría de ella. La marginación que padecieron sus poemas se remite a su relación con Octavio Paz, quien le prohibió no sólo escribir poesía, sino todo lo que tuviera que ver con el desarrollo de su talento. Como me comentó su hija Helena Paz Garro:

¿Es verdad que tu padre le prohibió a tu mamá escribir poesía?
Me respondió sin titubeos.
—Mi papá le prohibía escribir todo. No sólo poesía, todo, no la dejaba expresarse. Recuerdo que un día yo lo fui a ver y le dije que la dejara expresarse. Y él me preguntó: “¿Crees que así se le quite la locura?”. Yo le repliqué: “La locura no, porque mi mamá no está loca, lo que se le va a quitar es la depresión”.

        Cuando Elena Garro me entregó estos poemas en 1997, deseaba que se dieran a conocer. El hecho de que varios de ellos consten de varias versiones, indica su interés por trabajarlos, es decir, darlos a la luz pública. Fueron las circunstancias adversas las que impidieron su edición, pero esto sucedió con la mayoría de su producción. La obras de Elena Garro no se publicaron inmediatamente después de su escritura, siempre se quedaron guardadas u olvidades en sus míticos baúles por los preceptos machistas de Octavio Paz y de la cultura mexicana en general. Elena expresó en los años 60: “En México, por el simple hecho de ser mujer, todo queda invalidado... En México, apenas una mujer es un poco inteligente, tiene otras aspiraciones; quiere trabajar, escribir, hacer algo, todos se confabulan para ver ‘qué le hacen’, cómo la destruyen, cómo la dañan”. Estas frases siguen vigentes, ¿no?





Dicho por usted,  lo más difícil fue ordenar el material,  ya que algunos textos presentaban mayor trabajo estético, una estructura, rítmica y prosodia más elaborada que en otros, no todos estaban fechados “ya que ella era enemiga del tiempo cronológico”. Además, algunos poemas tienen dos versiones. Quienes hemos leído acerca de la vida y temperamento de Elena Garro, sabemos que ella era así: disipada, despreocupada, libre. El misterioso baúl que aparece y desaparece a través de sus múltiples mudanzas, por aquí y por allá. No sorprende que la despreocupación por su material poético corriera con la misma suerte. ¿Por qué decide nombrar al libro Cristales de tiempo?

Yo creo que se ha construido una leyenda en torno a una Elena Garro despreocupada por su obra. Me parece que es una percepción falsa y equivocada. Hay una serie de circunstancias que algunos estudiosos de Garro se niegan a reconocer. Al casarse con Octavio Paz, sus proyectos intelectuales quedaron truncados por la autocracia de Paz. Durante veinte años se convirtió en la sombra del marido. Después, cuando por fin pudo darse a conocer como escritora, se involucró en la lucha de los desamparados, enfrentó al sistema político mexicano y a los intelectuales coludidos con el poder. Esto le ocasionó enemistades poderosas que le hicieron la guerra, la desacreditaron y terminaron por eliminarla de la vida política y cultural. Por su posición contestataria, no pudo tener tranquilidad para desarrollar sus proyectos literarios, a diferencia de los escritores allegados al gobierno que recibían prebendas, y por lo tanto, publicaban sin ningún contratiempo. Por otro lado, no hay que olvidar que Elena fue un ser de muchos intereses y combates: escritora, pero también activista entregada a las causas de justicia social y de la democracia. Sin embargo, siempre defendió su vocación de ser escritora. Creo que cuando negaba o tomaba a la ligera este oficio, era su mecanismo de defensa ante el ninguneo que padecía al lado de las figuras masculinas prepotentes que la rodeaban. Esto  persiste hasta hoy en día, basta ver la edición de Reencuentro de personajes que lanzó la editorial española Drácena  en pleno centenario del natalicio de Elena Garro. Es como si estuviéramos viviendo hace 50 años, cuando sus correligionarios se burlaban de su lucha en favor de los desamparados, la acusaban de perseguir a Octavio Paz y de promiscua. Drácena retoma estas aseveraciones sexistas y misóginas y las imprime nada menos que en una de las novelas más innovadoras de la literatura en lengua española. La cizaña salta a la vista: hay que desacreditar el talento femenino para que no quede en entredicho la mediocridad del masculino. Estamos una vez más ante la insolencia de los patriarcas que lanzan afirmaciones sin fundamento, porque la sociedad les permite hacer y decir lo que les venga en gana. La impunidad impera en todos los ámbitos.
        Por lo tanto, no estoy de acuerdo con ese mito de la escritora indiferente a su obra, al contrario, Elena Garro asumió este oficio como muy pocos lo han hecho, ya que escribió en las peores condiciones de vida y dejó un legado valioso en cada uno de los géneros que abordó: en el periodismo, teatro, novela, cuento, libretos, poesía, memorias.
        Me preguntas, ¿por qué titulé su poemario Cristales de tiempo? Por dos razones: una, porque el tiempo es uno de los leit motivs en toda su obra y siempre adquiere las formas más inimaginables o inesperadas, y dos, porque para mí cada poema representa la cristalización de un recuerdo que pervive en su memoria; en la memoria nos dice Elena Garro se conjugan el pasado, el presente y el porvenir. Y ésta es la esencia en sus poemas, como en el resto de su producción. Helena Paz Garro recibió con alegría el título.

El libro se divide en cinco capítulos...

Sí, la “Infancia en la memoria”, que reúne los textos en los que aparece la nostalgia por el “paraíso perdido” que en la obra de Elena Garro es siempre la infancia; “Horror y angustia en la celda del matrimonio”, consta de los poemas que capturan sus experiencias al lado de Octavio Paz, ninguna de ellas alentadora; “A mi sustituta en el tiempo”, es el encabezado de uno de sus poemas más emblemáticos y que titula esta sección, este apartado se caracteriza por la diversidad temática pues compila las composiciones a su hija Helena, a su madre Esperanza, a su tío Boni, a José Stalin, entre otros; “Bioy, tú me diste una tan buena lección que yo ya no puedo enamorarme de nadie, ni siquiera de Bioy”, representa al grupo más prolífico con los poemas de amor y desamor al escritor argentino y “La poética del exilio”, la menos abundante, sin embargo la que contiene sus dos poemas más extensos: “Lola” con 298 versos y “Vamos unidas” con 921. En este último aparecen todos sus ciclos existenciales; es su epopeya, su canto a la vida, a la infancia paradisiaca, a sus batallas, a sus derrotas y su crítica punzante al poder, a todos aquellos que traicionan la verdad y la libertad.

La poesía de Elena Garro lleva tintes de filosofía existencialista, del romanticismo alemán: lo onírico, el Doppelgänger y lo surrealista, pues ella era conocedora de las vanguardias europeas de los años 20 y 30. En Cristales de tiempo el leitmotiv es el manejo del tiempo, la memoria y la infancia. Su poesía es íntima y a la vez vanguardista.  Evoco estos versos que me encantaron:

La voz viene del centro profundo de mi ombligo.
Hay quien vive adentro del ombligo  y que me llama.
(…)

Me busco, Me encuentro.
Nadie levanta la bacinica que cubre paisajes, pájaros vistos en deslumbrantes copas,
El pico de la estrella de la cual colgaba yo

Sí, es uno de los poemas de largo aliento de Elena Garro: “El llano de huizaches”. Cuando yo leí por primera vez este poema pensé inmediatamente en Coyolxauhqui, la diosa lunar azteca desmembrada por su hermano Huitzilopochtli, el dios de la guerra. La inteligencia y la insubordinación femeninas en el poema y en el mito son castigadas por la supremacía masculina, que no tolera el conocimiento y la rebeldía en las mujeres. En textos como éste, Garro demuestra su cercanía con las vanguardias europeas de las primeras décadas del siglo pasado; las imágenes surrealistas parecen pintar con palabras un cuadro a la Salvador Dalí, ¿verdad? 

¿A quiénes dedica Elena sus poemas?

Concretamente algunos de sus poemas tienen dedicatorias, otros sabemos que se los dedica a algunos de sus familiares por el título o el contenido de los mismos; ahora, de manera simbólica, podríamos decir que algunos de sus poemas reflejan la opresión femenina bajo los estatutos patriarcarles; son un espejo para reflexionar sobre la condición femenina. Por ejemplo, el poema dedicado a Octavio Paz, titulado “O”:

Todo el año es invierno junto a ti,
Rey Midas de la nieve.
Huyó la golondrina escondida
en el pelo.
La lengua no produjo más ríos
atravesando catedrales ni eucaliptos
en las torres. (...)

        O su poema “Soledad”:

Se cierran las persianas, se corren las cortinas
y se encierra a la noche en una pieza.
Las sillas, el canapé tendido, el secreter y los espejos
se miran entre sí.
Una amenaza se prepara.
¿De qué serán testigos esta noche?
La casa está en tinieblas. (...)

        Y de igual manera, “Hoy ármese mi mano”:

Hoy ármese mi mano,
enciéndase la luz verdosa con el odio.
Hace tiempo que tengo un enemigo.
Estamos frente a frente.
La puerta se ha cerrado.
Algo trama. (...)

En el primero establece un símil o una comparación entre “O” y el Rey Midas: éste convertía todo en oro y “O” todo lo transforma en hielo. Es decir, la mirada femenina describe al poder masculino deshumanizado y carente de imaginación, de magia, de poesía. Mientras que en “Soledad” y en “Hoy ármese mi mano”, la voz lírica está a la defensiva para enfrentar al enemigo que la acecha, que no le permite ser, en el sentido existencial, humano y artístico.

Elena Garro pasó por momentos en que  se reveló y otros momentos en  que se desdecía de lo que había dicho. Esto es, según usted, porque “Elena muchas veces tenía que ceder ante la prensa para tener un poco de espacio, para llevar la fiesta en paz con Paz”.  La historia que subyace en el ocultamiento del material poético de Elena, una vez más, es Octavio Paz. Octavio, El poeta. Patricia,  ¿fue prohibición de Paz que ella no incursionara en el género?

Sí, Elena Garro me lo confesó a finales de 1997: Octavio Paz le prohibió escribir y menos publicar poesía, porque ése era “su” terreno. Por eso sus poemas se quedaron rezagados siete décadas. También se ha construido todo un mito en torno a que Octavio Paz apoyó la publicación de algunas de las obras de Elena Garro. A Paz le convenía aparecer ante el gremio como el esposo e intelectual  “progresista” que no obstaculizaba el trabajo literario de su cónyuge. Pero esto es una farsa. Paz la “apoyaba” cuando le convenía o para retribuirle algún favor que le había hecho Elena.

Entre los hechos  que me siempre me han llamado la atención están todos esos rumores que giran en torno a la novela Los recuerdos del porvenir. El primero,  Elena intentó quemar la novela fue Octavio  y no el primo de Helenita La Chata, quien lo rescata del fuego.  Segundo,  Octavio formó parte del jurado cuando la novela gana el Premio Xavier Villaurrutia (1963). Claro ejemplo, dicen, de que él siempre apoyó a Elena (parece que esta aseveración confirma,  más que desmentir, que Octavio Paz tenía el poder de decidir quién publicaba y quién perdía).   Tercero, cuando la novela se vuelve a editar -corríjame si me equivoco, por favor- en la década del ochenta, es Octavio quien, una vez más, saca a Elena del atolladero, cuando ésta se encuentra en la peor de las miserias. ¿Cuál es la verdad?

Te voy a responder con un apartado de mi libro, El asesinato de Elena Garro (2a. ed. Aumentada, 2014, pp. 247-251), en donde el lector puede ver las fuentes citadas y que aquí omito para darle agilidad a la lectura.
        La vida itinerante de Elena Garro se conjuga con los avatares de Los recuerdos del porvenir. El manuscrito permaneció en sus legendarios baúles y estuvo a punto de perderse en dos ocasiones. Primero, entre 1956-1957, cuando la familia Paz Garro vivía en la avenida Nuevo León 230, en la Ciudad de México. Ahí lanzó el manuscrito al fuego; su sobrino Paco (Francisco) Guerrero Garro lo rescató de las llamas y su hija Helena lo conservó. Más tarde, cuando la expulsan de México a principios de 1959, en su paso por Nueva York con destino a Europa, deja un baúl que contenía Los recuerdos del porvenir en el Hotel Middletown; al año siguiente su hermana Estrella lo recoge y se lo lleva a Francia.
        De acuerdo con Helena, su madre escribió la novela en Berna (1952-1953), y agrega además que la retomó y terminó durante su estancia en Gstaad, Suiza, en el invierno de 1960-
1961. 
        La primera vez que Garro intentó publicarla fue en 1957:

Los recuerdos del porvenir desde hace seis años que la quise publicar y no se pudo, porque no hubo quién. ¿En el Fondo de Cultura Económica?, tampoco quisieron, que porque no se vende ese tipo de obras, según dijeron y, ¡claro!, cómo se van a vender si no les hacen ninguna promoción publicitaria. Pero, en cambio, publican cuanto libro de economistas tercerones europeos cae en sus manos.

        A mediados de los años cincuenta, Paz había instigado el affair entre Elena y Archibaldo Burns para después dedicarse a desacreditar a su cónyuge, como si él fuera la personificación de la fidelidad. La relación Garro-Burns se convierte en el escándalo del medio intelectual. El matrimonio Paz-Garro se deteriora ante el cotilleo, y la vida se convierte en un campo de batalla de altercados y pugnas. Paz, “ofendido”, no apoya la publicación de la novela; al contrario, parece ser que azuza su destrucción. De acuerdo con Paco Guerrero Garro:

Con mucha frecuencia, yo solía pasar temporadas en la casa de Octavio y Elena. Entonces vivían en un departamento en las calles de Nuevo León, el que mi tía Elena había decorado en tonos marrones y dorados, con algunos detalles de verde muy oscuro.
Recuerdo que estando yo de vacaciones llegué a visitarlos, pues la Chata y yo, que habíamos crecido a la par, éramos como hermanos; hacíamos muchas cosas juntos, ir a fiestas, salir con los amigos. Además, yo amaba especialmente a mi tía Elena y, para mí, era un placer estar con ella.
Desde mi llegada, noté una tensión aguda entre Octavio y Elena. Discutían acaloradamente en el estudio, mi tía se notaba muy triste y en los ojos se le veía que había llorado mucho.
Una mañana, antes de irse Octavio a su oficina, las discusiones subieron de tono y mi tía estuvo encerrada en su cuarto toda la mañana. La Chata, que salía y entraba del cuarto de Elena, también se veía muy deprimida.
Me extrañó que no se oyera el sonido de la máquina de escribir de mi tía, pues todas las mañanas era el sonido ritual en la casa. Ese silencio era clara señal de que algo le pasaba.
Finalmente, mi tía salió de su cuarto, vestida elegantemente, con la rubia cabellera peinada para atrás y, con una forzada sonrisa, nos dijo a la Chata y a mí: “Vamos a comer a Cardini”, que quedaba a tres cuadras del departamento.
La comida fue difícil, pues aunque Elena se esforzaba por parecer alegre, la mirada la traicionaba; la tristeza se le asomaba a los ojos. Platicamos de cosas sin importancia y, como a las seis, regresamos al departamento. Hacía mucho frío y caminamos rápido, pues no íbamos bien abrigados.
Octavio ya estaba ahí y, con mirada fría, apenas nos saludó. Mi tía se fue directamente a su cuarto, y la Chata y yo salimos a recoger unos zapatos de raso que había mandado teñir, ya que estaba invitada a una fiesta con unos amigos del cuerpo diplomático.
Cuando regresamos, Octavio y Elena ya estaban de nuevo en el estudio discutiendo. Como habían cerrado la puerta no se oía bien lo que decían, pero por el tono de voz que llevaban, era fácil discernir que se trataba de una discusión feroz.
Octavio salió rápidamente del estudio y abandonó el departamento. Elena salió momentos después, abrazando sobre su pecho el manuscrito de Los recuerdos del porvenir, con los ojos anegados de llanto.
Cruzó el salón y al pasar junto a la chimenea, con un rápido movimiento, lanzó ahí el manuscrito y corrió a encerrarse a su cuarto, que era su refugio.
Yo que por prudencia me había ido al antecomedor, pero que veía todo semiescondido tras la puerta, corrí a la chimenea y saqué el manuscrito. Afortunadamente el fuego no era muy grande y sólo chamuscó un poco las orillas, aunque me quemé las manos y aún guardo como un grato recuerdo las dos pequeñas cicatrices de aquella ocasión.
Lo primero que se me ocurrió fue ir al baño, agarrar una toalla y en ella envolver el manuscrito que fui a esconder bajo mi cama. Luego fui con Josefina, una de las criadas, a la que pregunté qué me podía poner para las quemaduras, que eran sólo dos, pequeñas, y me echó aceite de oliva. Luego, regresé a la chimenea y eché mucha leña, de manera que se hizo un gran fuego.
Más tarde, contra toda nuestra voluntad y a exigencia de mi tía, nos fuimos los dos, la Chata y yo, a la fiesta.
A la mañana siguiente, yo no quise salir de mi cuarto hasta que Octavio se hubiera ido. Cuando lo oí salir, corrí al cuarto de mi tía, que sentada sobre la cama lloraba abrazada a la Chata. La abracé yo también y los tres, contagiados, lloramos juntos.
“¡Cinco años de trabajo, carajo!”, dijo de repente mi tía y fue, en camisón, a ver la chimenea que sólo tenía ya blancas cenizas y algún carbón.
Ella creía que Los recuerdos del porvenir estaban perdidos para siempre, pues sólo escribía en original y nunca hacía copias. Aquel manuscrito era la única copia.
Creo que nunca he visto mayor tristeza en algún rostro. Verla ahí, parada, inmóvil, con la mirada perdida sobre los restos del fuego, me partió el alma.
Corrí a mi cuarto y, sacando el manuscrito de debajo de mi cama, todavía envuelto en la toalla, se lo llevé a mi tía diciéndole: “Anoche vi cuando lo aventaste a la chimenea, pero lo saqué de ahí, mira, aquí está y no se le quemó nada”. Lo desenvolví y se lo entregué. Mi tía y la Chata dieron gritos de gusto, me besaron y la cara de mi tía se transformó, volvió a ser de alegría, como era siempre.
La Chata agarró el manuscrito y le dijo a su mamá: “Ahora lo guardo yo”, y lo atesoró entre sus brazos.
Nos vestimos y salimos a la calle los tres, alegres, pues mi tía nos dijo: “Vamos a celebrar”. Nos fuimos a Hazel y ahí nos comimos, entre risas, todo el helado que nos cupo.

        En 1962, la suerte cambia para Los recuerdos del porvenir. Esta vez, Octavio Paz se empeña en que la novela salga a la luz. Ese año, Elena lo había recibido y ayudado en su casa de la Ancienne-Comédie, en París, cuando Paz sufre una serie de agravios y humillaciones por un lío de faldas relacionado con su amante, la pintora Bona de Pisis. En retribución por haberlo asistido, ahora impulsa la publicación de la obra.
        Carlos Barral, instigado por Octavio Paz, le escribe a Garro en abril de 1962, expresando su interés por la obra inédita, ya que había leído un relato suyo proporcionado por Paz. Garro le envía Los recuerdos del porvenir, pero Barral, en noviembre de ese mismo año, le responde que dos de los lectores la han rechazado: “La novela no va con la corriente realista que predomina en España”.
        La intervención de Octavio Paz fue definitiva para que por fin se diera a conocer esta obra maestra de Elena Garro. En 1962, desde París, el poeta presiona a Joaquín Díez Canedo —quien acababa de fundar el prestigioso sello editorial Joaquín Mortiz ese año— para que la publicara. Desde la capital francesa, Garro, motivada por Paz, se la envía a Díez Canedo a México en 1962. La escritora comentó:

A Octavio Paz le encantaba la fiesta dada en la casa por órdenes del general. Le parecía genial y la contaba en todas partes. Maka Strauss vino a decirme que Carlos Fuentes y Buñuel me la iban a robar. Eso era en 1957. No me interesó. Ya estaba medio quemada. Paz se encargó después de que la publicara Mortiz. Nadie la quería.

        Es probable que los editores no hayan querido publicar Los recuerdos del porvenir por varias razones; unas de carácter ideológico, y otras enmarcadas en las luchas por el poder. Garro iba en contra del discurso oficial sobre “el triunfo de la Revolución” con su activismo y su obra, y no se aliaba con los intelectuales que dirigían la cultura protegidos por el erario, entre ellos su marido. Octavio Paz había hecho lo posible por relegar la capacidad creadora de su esposa; la novela no encuentra editor durante diez años para no confrontar su dominio. La prueba estriba en que Joaquín Mortiz la edita en 1963 sólo a instancias de Octavio Paz, es decir, cuando el poeta se lo pide; no antes. La autoridad de Paz seguía en ascenso, ahora como embajador de México en la India (1962).
        Para no parecer un hombre machista, celoso del talento de su cónyuge, promueve, hasta cierto punto, sus obras, pero asegurándose de que la fama de Elena no sobrepase su hegemonía. Paz sabe cómo jugar y manipular a la opinión pública.
        ¿Qué movió al autor de El laberinto de la soledad a favorecer la publicación de Los recuerdos del porvenir? Independientemente del terreno personal y la deuda que tenía con Garro por haber obstruido su carrera durante dos décadas, Paz, afianzado en su trayectoria diplomática y consolidado como poeta y ensayista, no se siente tan amenazado por el ingenio de su esposa. Además, no podía seguir ocultando su talento. Quizá la presión que ejercían escritores como José Bianco y Adolfo Bioy Casares desde la Argentina, así como los críticos y polígrafos mexicanos que escribían en la prensa destacando su inteligencia creadora, hayan contribuido a que Paz permitiera, por fin, la publicación del manuscrito.
        La novela obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia, pero, al mismo tiempo, se boicoteó al desacreditarla: era, según los “enterados”, una obra reaccionaria:

                ¿Sabe que creo que a usted se le ha tachado de reaccionaria?
—Dentro del lenguaje moderno —expresa exhalando el humo de su cigarrillo—, la gente repite las palabras por eslogans. Tal vez lo soy, pero yo creo que hay que hacer lo que se dice; también por Los recuerdos del porvenir han dicho que soy reaccionaria. Es porque ahora estamos en la época de las clasificaciones: todos parecen necesitar una etiqueta, aboliéndose una cosa importantísima que es la conducta personal.

Después de 1968, el distanciamiento que se dio entre Paz y Garro permaneció hasta el final. Hubo altas y bajas en la relación de Paz con su hija Helena, pero con Garro fue una relación fría, telefónica y epistolar. Nada tuvo que ver Paz para que se publicaran sus obras a partir de los 80, aquí intervinieron ya otros factores, entre ellos los admiradores de Elena que pugnaron para que se reconocieran sus contribuciones literarias y dramatúrgicas, entre ellos José María Fernández Unsaín, René Avilés Fabila, Emilio Carballido, Emmanuel Carballo, entre otros.
       
Los nombres siguen disminuyendo de la lista de aliados. Los  que fueron  amigos poco a poco van desapareciendo. El reciente fallecimiento del escritor René Avilés Fabila: imponente y feroz guerrero, defensor y confeso enamorado platónico de Garro. Patricia, no ha sentido en algún momento que se ha convertido en un proceso demasiado arduo hacer entender a la gente, es decir, a los periodistas con sus publicaciones, donde casi nunca falta el señalamiento de que Elena fue una traidora y los demás rasgos poco amables. ¿Hasta dónde espera ver cumplida su labor, la misión de Patricia Rosas Lopátegui?  Biógrafa oficial de Elena Garro.

Todas las batallas que se enfrentan en contra del statu quo son interminables, porque los que detentan el poder, quienes controlan los medios masivos de comunicación, a las mafias, a los oportunistas, a los “judas”, a las “capillas literarias”, a los mercenarios, etcétera, tienen todas las armas para defender sus tejes manejes o farsas para desprestigiar o invalidar la lucha de los insurrectos. Así, para responder a tu pregunta, este tipo de luchas no tienen fin, porque estamos como David peleando en contra de Goliat.

Debido a los festejos por el Centenario,  se le ha recordado con reportajes, lecturas, artículos, homenajes y demás. Entre las novedades editoriales del 2016 están dos publicaciones: el poemario Cristales de tiempo de la Universidad Autónoma de Nuevo León y Garro. Cuentos completos editado por Alfaguara con prólogo de Geney Beltrán. Definitivamente, el giro novedoso es Cristales de tiempo. Sin embargo, el libro ha sido poco comentado. ¿Cuál puede ser la causa?




México sigue siendo un país de “capillas literarias”, o de grupitos de poder que controlan a las instituciones culturales, pero lo peor del caso es que estas “capillas” no sólo existen a nivel oficial, sino que se propagan en todos los ámbitos de la sociedad; es decir, los vemos en las universidades, en las editoriales, e incluso en forma independiente se hacen grupos literarios en donde sus afiliados se dedican a alagarse, apoyarse y a promoverse entre sí. Son una especie de “Sociedad de elogios mutuos”. Y ahora también se han reproducido las “capillas literarias” entre las mujeres. Como yo no pertenezco a ninguna de esas “capillas”, pues los críticos, los escritores, los periodistas, etcétera, sean hombres o féminas, no escriben sobre los libros que publico, a pesar de ser obras que contienen el material inédito de una escritora de la talla de Elena Garro. Son grupos muy cerrados y muy celosos. Esto ha persistido por siglos y lamentablemente no veo cambios en nuestra vida cultural. 





IN MEMORIAM 

A un día del centenario del nacimiento de Elena Garro, fallece Rafael Tovar y de Teresa, una figura entrañable para la escritora

Elena Garro y Rafael Tovar y de Teresa sostuvieron una relación sincera y entrañable cuando la dramaturga, narradora, poeta y periodista regresó a México en 1991. Después de casi veinte años de exilio, recibió una serie de homenajes por diferentes ciudades del país. En la Ciudad de México la celebró el entonces director del Instituto Nacional de Bellas Artes, Tovar y de Teresa, e iniciaron una amistad sellada por el amor a la literatura. En la Sala de Murales del Palacio de Bellas Artes, Tovar y de Teresa dijo en presencia de la autora de Los recuerdos del porvenir: “Celebramos en ella y con ella la pasión por la literatura, el oficio puntual con la prosa insuperable. Su labor como dramaturga, novelista y cuentista enriquece las letras mexicanas, al incorporar elementos mágicos y convertir su obra en un ejemplo de ruptura y cambio. Rendimos así un merecido homenaje al talento y la vocación unidas en la figura y en la obra de esta escritora que nunca se cansa de ir y venir, de escribir en sus ires y venires, de volcar en el papel lo que le dicta esa inspiración incansable y exigente de todo gran creador. Estoy seguro de que la visita de Elena Garro a México contribuirá firmemente a que su obra se difunda cada vez más entre los mexicanos y muy especialmente entre las nuevas generaciones, porque ella, que nunca ha estado ausente entre nosotros, debe ser cada vez más una presencia viva, perdurable e insustituible de las letras mexicanas”. (El Nacional, reportaje de Guadalupe Pereyra, 1991).

Gracias a las gestiones de Rafael Tovar y de Teresa, Elena Garro fue declarada miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA)(Conaculta) en diciembre de 1993, haciéndose acreedora a una beca Vitalicia como creadora emérita. 

Y curiosamente también la autora de Felipe Ángeles se fue hacia esa dimensión etérea un día sábado. Allá deben de estar hablando de libros y de la Revolución soviética y de la historia de México. 

A Rafael Tovar y de Teresa, gracias. 

Dra. Patricia Rosas Lopátegui



Foto, cortesía de la autora
Patricia Rosas Lopátegui
Nació en Tuxpan, Veracruz (1954). Actualmente es profesora de literatura mexicana y latinoamericana en la Universidad de Nuevo México. Ha publicado la biografía de Elena Garro en tres volúmenes: Yo sólo soy memoria. Biografía visual de Elena Garro (Ediciones Castillo, 1999); Testimonios sobre Elena Garro. Biografía exclusiva y autorizada de Elena Garro (Ediciones Castillo, 2002) y El asesinato de Elena Garro. Periodismo a través de una perspectiva biográfica (Porrúa, 2005). Escribe en varias revistas y periódicos de México y Estados Unidos. Con la finalidad de difundir la vida y obra de Elena Garro, se ha dedicado a dictar conferencias en diferentes centros educativos y culturales. Como editora publicó en un volumen las obras teatrales de Elena Garro, Felipe Ángeles y las piezas de Un hogar sólido (Rosas Lopátegui Publishing, 2003). Recientemente ha publicado varias entrevistas con Helena Paz Garro en la revista Proceso y el periódico Reforma. Es agente literaria de Elena Garro y de Helena Paz Garro.